La Historia del Colegio

El 23 de noviembre de 1894 llegan a Valencia tres salesianos: el P. Félix Andrés Bergeretti y dos seminaristas. La población los recibió con entusiasmo. El P. Bergeretti alquiló una casa en la esquina “El Vapor”, y dio inicio a la actividad pastoral del Oratorio Festivo, mientras anunciaba la inmediata apertura del Colegio Don Bosco, que tuvo lugar a principios de 1895. Casi al mismo tiempo abrieron los talleres de zapatería, sastrería e imprenta, organizaron la banda de música e, incluso, agregaron al Colegio la Escuela Nocturna para obreros y jóvenes empleados.

Seis meses después de su apertura el Colegio Don Bosco contaba ya con 200 alumnos matriculados, lo cual obligó a los salesianos a establecerse en una casa más amplia, la sede actual.

A raíz de una epidemia virulenta, en febrero de 1898, tuvieron que cerrar el Colegio temporalmente y asistir a los enfermos. El flagelo minaba la ciudad de Valencia y el P. Bergeretti prometió a la Virgen Auxiliadora edificarle un santuario si cesaba aquel azote. Obtenida la gracia, el P. Bergeretti cumple la promesa e inicia la construcción del santuario. La incomprensión de los hombres obligó al P. Bergeretti a dejar Venezuela. En 1909 morirá en Oakland (California), recordando a Valencia “en donde dejé mi corazón”, como escribía a sus amigos.

Siendo director el P. Isaías Ojeda se funda la Escuela Gratuita “Domingo Savio”, que con el tiempo sería trasladada al Barrio El Concejo de la misma ciudad. Con el P. Ricardo Alterio se dio comienzo a la construcción del nuevo santuario en honor de María Auxiliadora, que fue consagrado por Monseñor José Alí Lebrún, Obispo de Valencia, el 29 de enero de 1967. El Colegio Don Bosco de Valencia ha sido para la ciudad un centro educativo abierto a todas las clases sociales, al servicio de la comunidad valenciana. Además han cursado en él sus estudios, en calidad de internos, jóvenes venidos de diferentes partes del país. A todos el Colegio les ha brindado los servicios de todo el ciclo educativo: Básica y Diversificado y además, Educación para el Trabajo.

Pero el Colegio Don Bosco ha sido, también, punto de referencia y centro de animación en lo cultural, en lo educativo y en lo religioso. Miles han sido los Venezolanos que en el Colegio Salesiano han encontrado un lugar y allí han forjado su espíritu para la lucha y para la construcción de una patria más justa, más próspera y más solidaria.

La presencia de exalumnos y cooperadores salesianos en la docencia y animación de la pastoral, constituye un rasgo muy característico de este Colegio que, por otra parte, ha dado vocaciones muy valiosas a la Congregación Salesiana.



Historia completa

El Colegio Don Bosco de Valencia, aproximación a su historia social e institucional

Su inmenso legado deja su impronta en un emblemático y centenario colegio que dignamente se identifica con su epónimo y que forma parte de la historia social y educativa de la región. El desarrollo del proyecto educativo de Guzmán Blanco reviste una importancia fundamental en el proceso educativo venezolano. Durante su administración se consolida el decreto de Instrucción Pública Gratuita y Obligatoria de 1870, la creación de una estructura centralizada para la educación, bajo la dirección de Instrucción Primaria y luego del Ministerio de Instrucción Pública, la uniformidad de la enseñanza en todo el país y la creación de escuelas normales. De igual manera, permeado por la filosofía positivista, el conflicto Iglesia - Estado se evidencia con mayor crudeza durante dicho gobierno, pues en el mismo, se decreta la extinción de los seminarios y conventos, la expropiación de sus bienes, la amenaza sistemática de crear una Iglesia Católica Venezolana, la exclusión de los Obispos y de la enseñanza del catecismo católico de los programas de estudio de las escuelas primarias, fortaleciéndose de esta manera la Institución del estado frente a lo confesional.

Durante el mandato de Joaquín Crespo (1884 - 1886), se hace manifiesto cierto espíritu de tolerancia en lo que respecta a los asuntos relacionados con la Iglesia Católica, se funda el periódico el Ancora, dirigido por un grupo de jóvenes religiosos, la Sociedad Santo Tomás de Aquino y la de San Vicente de Paúl, destinadas a practicar la caridad cristiana en los cuidados de los enfermos; se da inicio a la Asociación Liga de Cooperadores Salesianos, los cuales jugaron un rol fundamental en la divulgación y conocimiento de la obra de Don Juan Bosco en Venezuela y se funda el Centro Católico Venezolano. A partir de este año de 1886, se observa un importante movimiento que reclama plena libertad eclesiástica y presencia de religiosas en el país, para mejorar áreas críticas en la vida pública venezolana como sanidad y educación, reactivándose de esta manera el pensamiento católico venezolano e impulsando el surgimiento de los colegios confesionales. Así, durante el año 1889, con la fundación de un Hospital Nacional para hombres y mujeres decretado por el presidente Rojas Paúl, se trajo de Francia a 18 Hermanas de la Caridad que son las de San José de Tarbes para atender dicho hospital, las cuales dos años después fundan un colegio para niños de ambos sexos de tres a siete años de edad; casi inmediatamente se erigen otros Institutos religiosos venezolanos, como el de las Hermanas de los Pobres de Maiquetía y las Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús, dedicados a la enseñanza de niños pobres; el Colegio de Lourdes de Valencia y el Sagrado Corazón de Jesús de Puerto Cabello.

Además de estos aspectos concretos que denotan cierta distensión entre el Estado Venezolano y la Iglesia, es importante destacar los sistemáticos esfuerzos y avances logrados durante casi todo el siglo XIX en aras de la construcción de un sistema educativo nacional, cuyo impulso más significativo se logra con el decreto de Guzmán Blanco sobre Instrucción Pública, gratuita y obligatoria de 1870, así como la posterior creación en el año 1881 del Ministerio de Instrucción Pública, que como consecuencia directa del Decreto Guzmancista, se convierte en una rama del Poder Público que se encarga de la rectoría del proceso educacional, tanto en lo técnico, como en lo administrativo y docente, evolucionando en el tiempo hasta el actual Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Sin embargo, el predominio de una Venezuela eminentemente rural, las incesantes luchas montoneras caudillescas, la poca capacidad técnica y financiera del Estado, entre otros factores, limitan un verdadero crecimiento y consolidación del aparato educativo, facilitando de alguna manera, condiciones propicias para que entre finales del siglo XIX y principios del XX, la Iglesia Venezolana logre reinsertarse paulatinamente en la estructura escolar nacional. En este contexto, y producto de los reiterados esfuerzos y gestiones de la iglesia y el pueblo venezolano, que clamaba la venida de los salesianos y de la resolución ministerial del Gobierno de Joaquín Crespo que acuerda en un principio, en reconocimiento a los méritos docentes de éstos su arribo al país, colocándoles al frente del área de trabajo profesional en la Escuela de Artes y Oficios de Caracas, resolución que es cambiada unilateralmente por el Gobierno, faltando tan sólo un mes para la llegada de los clérigos, disolviéndose de esta manera, el convenimiento gubernamental que les garantizaba tanto su permanencia como el desarrollo de sus actividades docentes. Pese a estas circunstancias fundamentalmente políticas, el día 1º de Noviembre de 1894, Don Rua, sucesor de Don Bosco, despide en el Oratorio de Turín y embarca con destino a las tierras de Bolívar, en compañía del Padre y Vicario de Valencia bachiller Víctor Julio Arocha, en el vapor "Rosario" de la compañía italiana la "La Veloce", a los siete primeros salesianos que se establecerían en nuestro territorio, para desarrollar como "sociólogos de la acción", los principios preventivos y socioeducativos de su maestro y guía espiritual Don Bosco. Dieciocho días después, el 19 de Noviembre de 1894 a las 7 am., desembarcan en el Puerto de La Guaira con destino a Caracas, el Padre y Director Enrique Riva, el clérigo y maestro Nicolás Carrena, el clérigo y maestro Jacinto Piana y el coadjutor José Faletti. Con rumbo a Valencia, parte el Padre y Director Félix Andrés Bergeretti y los clérigos y maestros Inocencio Montanari y Alfredo Savoia. Era el noveno país de América y el décimo octavo del mundo al que llegaban los salesianos, enviados primero por Don Bosco y luego por Don Rua, para proseguir la encomiable obra pedagógico-cristiana de aquél alrededor del planeta. Mientras el grupo de Caracas, por el incumplimiento del acuerdo suscrito con el Gobierno de Crespo al que ya nos hemos referido, se ve en la necesidad de alojarse en una casita del Rincón del Valle de Caracas, donada para tales efectos por el cooperador salesiano José Ayala. El padre Enrique Riva, Director del grupo de Caracas en comunicación suscrita el 10 de Diciembre de 1894, expone a Don Miguel Rua la situación en que se encontraban en el país en los siguientes términos: "...Pasamos al fin, después de algunas semanas de descanso a fijar nuestra morada en una casita, donación de una virtuosa familia de cooperadores salesianos, situada cerca de la hermosa Capilla de El Rincón del Valle (...) Empezamos pues nuestra tarea dando a la Iglesia en cuestión el mayor culto posible (...) A veces tenemos que hacer hasta bautizos y entierros, además de asistir a los enfermos y administrar a los moribundos los últimos sacramentos (...) Por de pronto seguimos en nuestra casita atendiendo al culto de la mencionada Capilla, organizando catecismos para los jóvenes de ambos sexos, en espera de poder instalar muy pronto una Escuela en nuestra misma casa (...) poder levantar un edificio en los alrededores de esta misma Iglesia, en la cual nos sea dado proporcionar asilo y educación a tantos niños que necesitan urgentemente ser recogidos..."
(Merino, A. 1995: 60) Subrayado nuestro.

El grupo asignado a Valencia, en compañía del Presbítero y Vicario de dicha ciudad Víctor Julio Arocha, continuando el viaje, llega al Puerto de Puerto Cabello el día 21 de noviembre de 1894, trasladándose inmediatamente en el ferrocarril hasta la estación de Camoruco, hoy casona del Rectorado de la Universidad de Carabobo, donde gran parte de la población valenciana, calculada para la fecha en aproximadamente veintiséis mil ciudadanos que habitaban la bucólica ciudad semirrural de Don Alonzo Díaz Moreno, de viejas casonas coloniales de zaguán, corredores, patios centrales, paredes de adobe y techos de caña y teja, calles empedradas y aceras de ladrillo, acude jubilosa a recibirlos y acompañarles a la Iglesia de la Divina Pastora para agradecer al Señor, por la concreción de un anhelado sueño. Es importante destacar, el extraordinario papel desempeñado en el logro de esta empresa, por María de la Paz Pérez de Santander, intelectual y poetisa carabobeña nacida en Montalbán e hija del Comandante Andrés Pérez, prócer de la Independencia Nacional. La dama, no sólo acompañó al Padre Víctor Julio Arocha hasta el Oratorio de Turín, en procura de los salesianos para la ciudad del Cabriales, sino que además, sufragó junto a éste, los gastos del traslado de los mismos.

Una vez en la ciudad, el Padre Bergeretti y los clérigos Savoia y Montanari, son alojados el 22 de Noviembre de 1894, en una casona colonial de largo zaguán, paredes de tapia, amplio solar y techo de caña amarga y teja, ubicada en el entonces Barrio del Monte de la Acequia, en la esquina de El Vapor, frente a la calle La Fortuna, hoy Avenida Anzoátegui del centro de Valencia, propiedad de la familia Fontainés. La señorita Ubalda Fontainés, en compañía de María de La Paz Pérez de Santander, Carolina Trujillo de Passios y otras damas valencianas, acondicionan la casona para tan importante acontecimiento que embarga de júbilo a la feligresía y al pueblo carabobeño, a pesar de la terrible epidemia de fiebre amarilla que azotaba la ciudad, tal como lo refiere el Padre Bergeretti al llegar a Valencia:

"Cuando llegamos, la ciudad estaba en trepidación por la fiebre amarilla que hacía estragos y la población, a fin de no exponernos al contagio, quiso que pasáramos unos días de adaptación en Las Trincheras, tiempo que nosotros aprovechamos para estudiar el español..." (CFr. Merino, A. 1995: 63)

Los padres salesianos inmediatamente abren operaciones en el lugar. El día 15 de diciembre de 1894, publican en el Trisemanario El Mensajero de Valencia, dos comunicados, uno explicando en detalles la creación inmediata del Oratorio Festivo de San Luis de Gonzaga en los siguientes términos:

"...Siendo el Oratorio Festivo un medio eficacísimo de moralización para la juventud, los padres de familia deberán tomar interés especial para que sus niños asistan a él con la debida puntualidad.

Los jóvenes serán entretenidos durante el tiempo que permanezcan en nuestra casa con inocentes pasatiempos: recibirán instrucciones sobre el catecismo y el canto y asistirán a todos los ejercicios de piedad establecidos por nuestra congregación con el fin de lograr el mejor éxito posible en esta labor..."

Y el otro, especificando el inicio de actividades del colegio para el 12 de enero de 1895, su estructura reglamentaria y programa académico de enseñanza.

"Este colegio se establecerá, Dios mediante, el 2 de enero próximo venidero en la ciudad de Valencia, en la casa de la señora Ubalda Fontainés, calle de La Fortuna, una cuadra al norte de la Beneficencia del Estado, bajo las condiciones abajo expresadas, las cuales podrán modificarse según lo exigieren las circunstancias.

1º- La educación y enseñanza que recibirán los alumnos serán estrictamente cristianas y conforme al sistema preventivo, esto es, de caridad evangélica, como está prescrito en los Estatutos de las Escuelas Salesianas. 2º- La instrucción comprenderá la enseñanza primaria, secundaria y científica: Música Teórica, Vocal e Instrumental, Dibujo Lineal y Natural, idiomas: Español, Latín, Inglés, Griego, Italiano y Alemán; Gimnástica, Nociones Generales de Agricultura, Apicultura, Viticultura; Botánica y Zoología..." (Citado por Marín, Alfonzo, en Don Bosco en Venezuela. 75 Años de Historia Salesiana Venezolana. 1983).

Como podemos apreciar, este extraordinario programa académico que prometían los padres salesianos para lo que sería la génesis del Colegio Don Bosco de Valencia, absolutamente adaptado a las más modernas corrientes pedagógicas de la Europa de la época, que combinaban magistralmente lo científico con la enseñanza manual, artística e idiomática, explica las razones por las cuales estos "sociólogos" y maestros de la acción, no podían aceptar las condiciones (por demás inconsultas) del Gobierno de Crespo, que les limitaba exclusivamente a la enseñanza práctica de los Talleres en la Escuela de Artes y Oficios de Caracas.

Un día después de publicados los avisos, el 16 de diciembre del mismo año, a menos de un mes de instalados en el lugar, fundan el primer Oratorio Festivo Salesiano en Venezuela con cuarenta niños que rápidamente se incrementan a 150, lo que hizo que la casona de los Fontainés, quedara extremadamente estrecha para poder atender la creciente demanda de la juventud carabobeña en su formación religiosa y pedagógico preventiva según la tradición salesiana legada por Don Bosco.

Ante esta situación, su fundador y Director Padre Félix Andrés Bergeretti, adquiere una cómoda y extensa casona de arquitectura colonial, con terrenos de casi una manzana de extensión por la cantidad de veintisiete mil bolívares, ubicada en la antigua calle El Sol, hoy calle Páez, distante apenas 100 metros de la facilitada por los Fontainés donde originalmente habían sido alojados, estableciéndose en el amplio y bucólico lugar el 1º de abril de 1895, trasladando allí, el Oratorio Festivo y creando una escuela primaria y múltiples talleres para la enseñanza de las Artes y Oficios, conocida hasta nuestros días como el Colegio "Don Bosco de Valencia". Ya instalados en la hermosa, acogedora y extensa casona de largos y ventilados corredores, amplias, altas y frescas habitaciones convertidas en aulas con grandes ventanales que conectaban visualmente con el inmenso patio interior, florecido de granados y vestido de vivos colores intermitentes de plumaje y trinos arrulladores de los miles de pájaros que iban y venían como la brisa, patio que como observamos en el Oratorio Festivo de Don Juan Bosco, donde como estrategia pedagógica, saltaban, corrían, gritaban, jugaban y encontraban ternura y consuelo en el "cura amigo", miles de jóvenes huérfanos, pobres y maltratados, se convierte también en el del Don Bosco de Valencia, en un aula natural, en un laboratorio de ricas vivencias juveniles, en el centro de la actividad educativa por excelencia; allí, inician los maestros salesianos sus actividades en la nueva casa (cuya estructura original en gran parte aún se mantiene en pie) con 200 alumnos, poniendo en práctica el ideario pedagógico y religioso de Don Bosco que no era otro que el del sistema preventivo, desarrollado por éste en sus Oratorios Festivos para darle atención, afecto y educación a los jóvenes más desposeídos, primero de los barrios pobres de Turín y luego alrededor del mundo, y el cual, se basaba en su extraordinario lema, "La educación es empresa de corazones", lo que significa preparar para la vida a la juventud descarriada, acechada por los vicios y el peligro de su abandono y precaria condición social, darles con mucha comprensión, bondad y amor, una auténtica educación integral que ensamblara indisolublemente, el rigor científico con lo humanístico, lo religioso, lo ético y lo moral, articulando magistralmente lo teórico con lo práctico como lo observamos en el innovador programa académico desarrollado por el Colegio Don Bosco en sus inicios, programa con un pensum de estudios impartido por maestros humanistas, científicos y políglotas que sería la envidia de la educación de nuestros días. Siete meses después de iniciadas las actividades en el Colegio Don Bosco, y ante el crecimiento acelerado del mismo (más de doscientos alumnos matriculados), sus fundadores Bergeretti, Savoia y Montanari, son reforzados con la llegada el 19 de noviembre de 1895, desde Italia de los clérigos Enrique de Ferrari, Pedro Opalski y Antonio Mónaco y en diciembre de 1896 con la de Juan Bautista Voghera, José Grazzini y Juan Soleri. Un año después, en julio de 1897 inauguran las clases nocturnas para facilitarles a los jóvenes obreros y trabajadores valencianos, la posibilidad de incorporarse a la actividad educativa y artesanal impartida en el Colegio. El Padre de Ferrari, funda en la Institución en 1896, un exquisito museo de historia natural, conformado por piezas valiosísimas de mineralogía, zoología y botánica, lo que evidencia en fecha bien temprana, lo novedoso y vigente en relación a las más modernas corrientes pedagógicas para la época de un pensum de estudios que combinaba la enseñanza memorística y enciclopedista con la objetivación de la enseñanza práctica y vivencial.

El fundador y primer Director del Colegio, Padre Félix Andrés Bergeretti, le imprime a éste la impronta de su sabiduría, sencillez y vocación humanística de servicio, que lo convierte en el más prestigioso e importante de Valencia a lo largo de casi una centuria y a su fundador en un bienhechor cuyos encomiables esfuerzos y aportes fundamentales en el campo educativo, cultural y social para la ciudad, la cual, a pesar de contar con una calle y una institución educativa oficial que llevan su nombre, creemos que no ha sabido agradecer totalmente los invalorables aportes de uno y otro para la historia educativa y social de la región y del país.

Félix Andrés Bergeretti, nace en Giaveno, provincia italiana de Turín en 1845, alumno aprovechado del famoso Seminario de las Misiones de San Calógero en Milán, donde reafirma su deseo de sumarse a los trotamundos evangelizadores organizados anualmente en territorio italiano. Al cumplir veinticinco años de edad, es ordenado sacerdote en 1871, un año después, viaja como misionero apostólico, delegado de la Propaganda FIDE al continente australiano. De Melbourne pasa a la Indonesia Holandesa, pernoctando en Java, Sumatra y Borneo, continuando a la China, de allí se dirige a Singapur y la India; luego de quince años de duras privaciones y faenas misionales en estas regiones, regresa a su Italia nativa, para proseguir casi inmediatamente por invitación de su compañero de estudios Monseñor Belloni, la campaña evangelizadora en Palestina; en 1893, se incorpora a la congregación salesiana, asumiendo la doctrina de Don Bosco y al terminar el año de noviciado con los estos en 1894, Don Miguel Rua lo destina jefe del grupo de Valencia que formaba parte de los siete salesianos enviados por éste a Venezuela, para sembrar y difundir la obra de Don Bosco en la patria de Bolívar. Trajo consigo, su extraordinaria experiencia evangelizadora alrededor del mundo y unos sólidos conocimientos académicos e intelectuales, era políglota, pues además de hablar el italiano, el español, el francés, el inglés, el árabe, el sanscrito, el latín, el portugués, sabía expresarse en griego, holandés y copto.

Por estas razones, no debe sorprendernos la directriz que le imprimió al Colegio Don Bosco de Valencia desde el momento de su fundación y la extraordinaria estructura académica con que lo blindó en su gestión como Director; lo cual, como referimos en líneas anteriores, ya lo hace inmenso y merecedor de una infinita gratitud y reconocimiento. Su labor en pro de la ciudad de Valencia no se queda en el mero campo educativo ni en las aulas del Don Bosco, sino que trasciende más allá, al sensible campo humano y de la caridad social, hasta el extremo casi de inmolarse como buen salesiano, ofreciendo su vida para redimir a los más necesitados, tal como ocurrió cuando apenas tenía cuatro años al frente de la Institución, la cual cerró temporalmente en 1898 para atender física y espiritualmente, primero casa por casa y luego conviviendo con ellos en el Hospital Civil, y posteriormente en el recién creado Hospital San Roque detrás de la Cueva de la Guacamaya, a los cientos de cristianos infectados por la terrible peste de viruela que atacó ferozmente a Valencia en aquel año, tal como el propio Padre Bergeretti lo describe crudamente en una comunicación enviada por éste, a Don Miguel Rua, fechada en el Hospital Civil de Valencia el 27 de abril de 1898, en la cual le expone: "...Tendré que permanecer aquí Dios sabe hasta cuándo (...) sin mi asistencia muchos morirían sin sacramentos (...) la epidemia se ha extendido por toda la ciudad y ataca especialmente a los más pobres que, a veces quedan abandonados y mueren sin asistencia médica roídos por la viruela y los gusanos. Administro los Santos sacramentos a todos los enfermos graves...". (CFr. Merino, A. 1995:69).

Una vez controlada la epidemia, reabre su Colegio el 29 de octubre de dicho año y vuelve a su creador trabajo diario en el aula, a sus capellanías en el Hospital de la Caridad, a las puertas del Mercado Público, recogiendo limosna para construir el Santuario que en promesa ofreciera a la Virgen María Auxiliadora para que cesara la peste. El pueblo de Valencia, lo aclama como un héroe y santo redentor y la ciudad lo proclama hijo predilecto, en reconocimiento a su desprendimiento, valor y extraordinaria solidaridad humana.

Los desgarradores estragos de la epidemia, a los cuales se suman como terrible tragedia humana, los efectos perversos de la Guerra Civil o "Revolución Restauradora" encabezada por Cipriano Castro luego de la muerte de Joaquín Crespo, que tuvo como epicentro fundamental a Carabobo con la Batalla de Tocuyito, dejan miles de hogares de luto e infinidad de niños y jóvenes huérfanos y abandonados, lo que hace que el Padre Bergeretti con su noble corazón, los albergue en el Colegio Don Bosco y cree especialmente para ellos y otros jóvenes pobres y desempleados, las Escuelas de Artes y Oficios anexas al Colegio, para lo cual, adquiere los tipos y máquinas de impresión y monta el Taller de Tipografía salesiana, que en muy breve tiempo, se convierte en la más moderna e importante imprenta del centro del país. A este taller de tipografía, le siguen inmediatamente el de Zapatería, para el cual, se trae de Bogotá como Maestro Instructor al coadjutor salesiano Felipe

Kaezmarczyk, el de Sastrería, para el que también se trae al maestro sastre Félix Perotto y el de Carpintería. Estos imprescindibles talleres, en donde los jóvenes aprendían un oficio para la vida, tal como lo concibió Juan Bosco con sus muchachos en el Oratorio Festivo y Escuelas Artesanales en Turín, se convirtieron en un centro de actividad y aprendizaje fundamental para miles de jóvenes carabobeños, muchos de los cuales con el correr de los años y luego de que Cipriano Castro, a través de la Dirección de Instrucción Superior le concediera al Colegio en fecha 11 de septiembre de 1905 la validez académica, egresaban como "Bachilleres del Trabajo". Todos los esfuerzos y aportes académicos y espirituales del Padre Bergeretti, sin bien son reconocidos y profundamente agradecidos por el pueblo carabobeño, no ocurrió lo mismo con el Poder Ejecutivo, detentado por Cipriano Castro quien ante la caridad del Padre para con los heridos de la guerra y la necesidad de algunos viajes de éste a la Casa Superior Salesiana de Curazao, donde por casualidad se encontraba exiliado Ignacio Andrade, lo acusa de conspirador y lo destierra del país en febrero de 1902, muriendo siete años después en los Estados Unidos de Norteamérica. Pese al destierro y posterior desaparición física del Padre Bergeretti, el Colegio no detiene su accionar en pro de la educación y la cultura carabobeña, en sus aulas se fraguan los conocimientos y se moldean las personalidades de miles de jóvenes que impregnados del rigor científico, humanístico y de profundas convicciones y valores éticos y sociales legados por la pedagogía preventiva de Don Bosco, luego egresan de ellas, convertidos en la mayoría de los casos por la relevancia de sus obras, en figuras destacadísimas del acontecer regional, nacional e internacional, tal es el caso de: José Rafael Pocaterra, José Gregorio Ponce Bello, Juan Vicente Lecuna, Hermógenes López, Luis Eduardo Enriquez, Germán Viscarrondo, Alfredo Celis Pérez, Fabián de Jesús Díaz, Darío Hofmann, Torcuato Manzo Núñez, Ignacio Bellera Arocha, Luis Augusto Núñez, Enrique Grooscors, Francisco José Iturriza y Guillermo Mujica Sevilla, Passan Yuseft, entre muchos otros.

Es importante destacar que esta extraordinaria y centenaria institución educativa carabobeña, desde sus inicios, como hemos visto, ha marcado pauta tanto por su calidad educativa, como por lo novedoso y siempre vigente de su método de enseñanza, hasta el extremo que ha simbolizado una institución pionera en el Estado Carabobo e incluso en el país, en cuanto a las Escuelas-Taller. En el área científica, fue una de las primeras en articular la enseñanza teórica con la vivencia práctica al disponer de un Museo de Historia Natural, en el área cultural contó con una banda musical que animaba desde los inicios del Colegio hasta la segunda mitad del siglo XX casi todas las actividades culturales y sociales de la Valencia de la época; dispuso de un magnífico teatro en el que sus profesores y alumnos escenificaban desde aspectos cotidianos de la política y la vida nacional hasta la reproducción en las tablas como herramienta pedagógica de sus clases humanísticas. En el año 1916, inauguró entre sus recursos didácticos un novedoso cinematógrafo y en su inmenso y sombreado patio se introdujo por primera vez en Carabobo en el año 1929 de manera formal, el deporte conocido como basketball.

Desde sus comienzos, hace más de una centuria, con las necesarias variantes y modificaciones que impone el tiempo, el Colegio Don Bosco de Valencia, al formar parte de la historia y el patrimonio educativo y cultural de la ciudad, ha sido baluarte fundamental en la formación y educación de una significativa porción de la juventud carabobeña, partiendo de la puesta en práctica de una manera creativa, de la filosofía que caracteriza la pedagogía preventiva de Don Bosco, enmarcada en la presencia-asistencia del educador entre los jóvenes; en una acción educativa que conjuga el trípode pedagógico razón, religión y amor; en la formación integral del educando; en la consideración del desarrollo pleno de las propias capacidades de los jóvenes, en la valoración del carácter vocacional, al tomar en cuenta la inclinación y aptitudes de los niños; en un pensamiento práctico de educación y preparación para la vida y en un inminente carácter social.


Directores de la Comunidad Salesiana

Salesiano Sacerdote
Periodo Escolar
P. Félix Andrés Bergeretti
1.894 - 1.902
P. Juan Baustista Voghera
1.902 - 1.908
P. Enrique Riva
1.908 - 1.913
P. Enrique de Ferrari
1.913 - 1.924
P. Rodolfo Fierro Torres
1.924 - 1.930
P. Máximo Piwowaezik
1.930 - 1.932
P. Isaías Ojeda
1.932 - 1.939
P. Juan Vernet
1.937 - 1.938 interino
P. José María Wolbers
1.939 - 1.944
P. Ricardo Alterio
1.944 - 1.969
P. Cosme Alterio
1.945 - 1.946 interino
P. Antenor Fontana
1.946 - 1.947 interino
P. Jesús A. Díaz
1.950 - 1.952 interino
P. German Delgado
1.969 - 1.972
P. Eugenio Monetti
1.973 - 1.976
P. Adrian Scurato
1.976 - 1.979
P. Ignacio Velasco
1.979 - 1.983
P. Moises Consonni
1.983 - 1.987
P. Eligio Moretto
1.987 - 1.990
P. Fulgencio Sánchez
1.990 - 1.993
P. Marío Fantín
1.993 - 1.994
P. Jonny Eduardo Reyes
1.994 - 1.999
P. José Romualdo Godoy
2.000 - 2.001
P. Ramón Alfredo Oliveros
2.001 - 2.006
P. Fulgencio Sánchez
2.006 - 2.008
P. Jonny Eduardo Reyes
2.008 - 2.013
P. David Marín
2.013 - 2.014
P. Gustavo Santana
2.014 - 2.015
Cierre de la Comunidad Salesiana
2015
P. Alber Junior Pacheco
2015 - 30-08-2017
P. Nelson
31-08-2017 - Actualidad

Frase del día

Tal día como hoy